El proyecto sienta sus bases en una investigación sobre la empatía. Sobre la deshumanización que existe en una era moderna donde recibimos demasiada información para ser capaces de procesar y sentir algo al respecto. Es así como el proyecto encuentra primero su espacio; su lugar impersonal, falso y deshumanizado donde la gente se siente segura e incómoda al mismo tiempo. El supermercado. De aquí, a través de juegos e improvisaciones, textos y coreografías, nace un espectáculo de luces, carros de la compra, comida, animales, dinero, risas, llantos, publicidad y comida.
Una locura entre personajes, animales, asesinatos y competiciones, que nos llevan a reflexionar sobre qué estamos consumiendo, cómo nos dejamos alienar por la sociedad capitalista a través del consumismo y que tan poco humanos podemos llegar a ser.